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Los líderes NO nacen ¡SE hacen!

¿Los líderes nacen o se hacen?

Por: Jaime A. Cardozo

Una persona en un taller me recordó una de las preguntas que ha tenido la humanidad desde que yo tengo memoria, ¿los líderes nacen o se hacen? de inmediato le contesté con un ejemplo. Mire a su alrededor a todas las mujeres que están en este salón, todas ellas tienen la “capacidad instalada” de ser madres, que lo vayan a ser, es diferente. La maternidad al igual que el liderazgo es una elección de vida, así como decidimos ser padres o madres, decidimos ser líderes. No todos quieren ser líderes, no todos deberían ser líderes, pero la capacidad innata existe.

Recordemos la teoría del condicionamiento clásico de Pavlov, sí! el del perro y la campana. Los seres humanos somos seres “condicionados” desde el momento mismo en que llegamos a este mundo. Cuando el bebe llora, la madre o el padre corren a su “rescate”, ya sea para proveer alimento, cambiar el pañal o simplemente porque se sienten solos. En ese momento sucede un fenómeno muy interesante, y es que el niño “aprende” que llorando obtiene lo que quiere, y los padres “aprenden” que el niño llora porque necesita algo. Este aprendizaje sucede por condicionamiento y se da en todos los procesos de los seres humanos.

¿Pero cómo funciona en el liderazgo? Imaginemos que desde pequeño a un niño o niña le reforzamos el concepto de liderazgo, y cada que muestre una “conducta” de líder le damos un “reforzador”, en este caso podría ser un dulce o algo que al pequeño le guste. De esta forma, vamos a ir incorporando en su cerebro esta premisa. Es decir que el niño va a “aprender” que este tipo de conductas le van a significar un premio, así que lo más seguro es que, el pequeño, va a procurar tener más conductas similares por la gratificación. Esto sucederá hasta que se convierta en un estímulo “condicionado”, es decir el solo echo de tener este tipo de conductas le generará gratificación sin necesidad del premio. El resultado al final será un adulto con conductas muy marcadas de líder.

¿Pero entonces por qué no “hacemos” mas líderes? Porque los padres, y mucho menos las instituciones educativas, se dan a la tarea de reforzar las conductas del liderazgo. Lo que quizá es más preocupante, es que el significado de ser líder está difuso o en ocasiones se confunde con anarquía. En los colegios, por ejemplo, cuando un niño “influye” sobre otro, ocurre lo que me pasó a mi cuando estaba en el colegio, los cambian de salón para “romper” con esta influencia. Teniendo en cuenta que la influencia es una de las evidencias conductuales del liderazgo, al ser “castigada” se va a perder.